Hermosillo, Sonora 21/11/2009
Sin duda nuestro país e incluso el mundo han evolucionado, las personas somos muy distintas a las de hace algunos años, hemos construido nuestra propia cultura y me atrevería a decir una cultura llena de limitaciones.
Existe una exagerada escasez de líderes auténticos, un urgente cambio de mentalidad, para salir de esta crisis de valores que estamos viviendo. Las relaciones humanas han decaído y a raíz de esto la productividad en las empresas han perdido fuerza, tal pareciera que han regresado los capataces de hace muchos años.
Efectivamente las cosas cambian, pero lo que no ha cambiado desde hace miles de años, son las habilidades básicas que yacen en el corazón de las relaciones humanas efectivas, satisfactorias y productivas de crecimiento. La libertad, dignidad y honestidad así como dieron resultados en el siglo once lo siguen haciendo en el presente siglo.
Los seres humanos entendemos el cambio cuando somos capaces de identificar un punto fijo, estable y permanente que nos brinde una perspectiva. Existen en los seres humanos muchos principios pero muy pocos de ellos son llevados a la práctica, hace algunos días leí un texto, con él comprenderán a detalle a qué me refiero con cambio de mentalidad.
La paradoja de nuestra época en la historia es que tenemos edificios más altos pero temperamentos más cortos, autopistas más anchas pero puntos de vista más limitados. Gastamos más pero tenemos menos; compramos más pero lo disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más pequeñas, más comodidades pero menos tiempo. Tenemos más títulos pero menos sentido común; más conocimiento pero menos juicio; más expertos pero menos problemas; más medicina pero menos bienestar. Bebemos demasiado, fumamos demasiado, gastamos demasiado precipitadamente, nos reímos demasiado poco, manejamos demasiado rápido; nos enojamos demasiado y demasiado rápido; nos desvelamos demasiado, nos cansamos demasiado, leemos demasiado poco, vemos demasiada televisión y rezamos demasiado poco. Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero hemos reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos demasiado poco y odiamos demasiado a menudo. Hemos aprendido cómo ganarnos la vida pero no a forjar una vida; hemos añadido años a la vida pero no vida a los años. Hemos llegado hasta la luna y regresado pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer al nuevo vecino. Hemos conquistado el espacio exterior pero no el interior. Hemos hecho cosas más grandes pero no mejores. Hemos limpiado el aire pero contaminado el alma. Hemos dividido el átomo pero no nuestros prejuicios. Escribimos más pero aprendemos menos. Planificamos más pero logramos menos. Hemos aprendido a apresurarnos más pero no a esperar. Fabricamos más computadoras para almacenar más información y producir más copias que nunca, pero tenemos menos comunicación. Esta es la época de la comida rápida y digestión lenta; hombres altos y carácter bajo; utilidades altas y relaciones superficiales. Es época de la paz mundial y la violencia domestica; más libertad pero menos diversión; más variedad de comida pero menos nutrición. Es época de dos ingresos pero de más divorcios, casas más elegantes pero de hogares destruidos. Es la época de los viajes rápidos, los pañales desechables, la moralidad desechable, los encuentros sexuales de una noche, los cuerpos con sobre peso, y las píldoras que lo hacen todo: alegrar, tranquilizar y matar. Es una época en la que hay demasiado en el aparador y nada en el almacén; una época en la que la tecnología puede hacerle llegar esta columna y una época en la que usted puede elegir entre cambiar de mentalidad o simplemente seguir igual.
** Mi reconocimiento para aquellos que los golpes de la vida los han trasformado en mejores seres humanos.
** Mi admiración por Laura mi gran amor, por decidirse a ser mejor.
** Mi aplauso fuerte para aquellos que cambien de mentalidad después de leer esta columna.
Su amigo
Lic. Eduardo Almada